Domingos 10AM y 12PM

UN CAMBIO BIEN GRANDE

UN CAMBIO BIEN GRANDE

Familia Mar Azul:

Nota Importante: Algunos de ustedes leerán esta carta hasta el final y otros no. Sin embargo considero que es mi labor el dejar claramente documentado para el futuro de nuestras generaciones la  razón principal de este CAMBIO BIEN GRANDE

A principios de este año tomamos una decisión clara: este sería el año de deleitarnos en la Palabra. Y así ha sido.

Hace unos días conversaba con mi hijo, quien estuvo nueve meses fuera de Puerto Rico y al regresar, pudo observar un cambio bien grande que quizás quienes estamos aquí todas las semanas no percibimos con la misma claridad. Me habló de un cambio profundo en las personas: en su deseo de adorar a Dios, en la postura de sus corazones y en la manera en la que están obedeciendo la palabra como discípulos fieles de Jesús.

Eso nos llevó a una conversación sobre cuál podría ser el elementos central que más ha contribuido a ese crecimiento. Después de pensarlo, él mismo me dijo:

“Yo creo que tiene que ver con la decisión de enseñar la Palabra verso a verso, como lo estamos haciendo ahora”.

Sus palabras se quedaron conmigo, porque describen con mucha claridad EL CENTRO DE LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO. Por eso quiero dedicar esta carta a explicar qué ha cambiado, por qué lo hemos hecho y cuáles son algunos de los frutos que ya estamos viendo.

Nuestro modelo de crecimiento espiritual

Cuando comenzamos Mar Azul hace 16 años, entendimos que toda iglesia tiene un modelo de crecimiento espiritual, aunque nunca lo haya definido o no lo llame de esa manera. Un modelo de crecimiento espiritual intenta contestar una pregunta teológica y, al mismo tiempo, profundamente práctica:

¿Cuáles son las cosas que Dios utiliza con mayor frecuencia para crecer nuestra relación con el?

Hace 16 años identificamos estos 5 elementos:
1. Enseñanza Práctica de la Biblia.
2. Disciplinas Personales
3. Las Relaciones Providenciales
4. El Servicio
5. La Generosidad
Hoy les abundó sobre el #1 como una prioridad fundamental en nuestra comunidad: la enseñanza práctica de la Biblia.

“Ahora entiendo”

Desde nuestra primera reunión, mi deseo ha sido que toda persona que llegue a Mar Azul pueda escuchar un mensaje que entienda y que pueda aplicar a su vida diaria. Una de las expresiones que más hemos escuchado durante estos dieciséis años de parte de quienes llegan por primera vez es:

“Ahora entiendo”. “Ahora entiendo la Biblia”. “Ahora entiendo lo que significa seguir a Jesús”. “Ahora entiendo conceptos que había escuchado muchas veces, pero que nunca había logrado comprender”.

Ese entendimiento ocurre, en primer lugar, por la obra del Espíritu Santo. Es Él quien nos revela a Cristo, quien abre nuestros ojos a la verdad y quien utiliza la Palabra para sanar, cortar, confrontar, corregir, animar, consolar y transformar. Nunca podríamos desestimar la gracia, el poder y la obra indispensable del Espíritu Santo mientras la Palabra es proclamada.

Pero también existe una responsabilidad humana. Hay una preparación intencional, una búsqueda sincera de Dios y muchas horas de estudio, oración y escritura detrás de cada mensaje. El propósito es expresar de la manera más sencilla posible algunas de las verdades más profundas de nuestra fe.

Y hacer algo SIMPLE es sumamente DIFÍCIL.

Durante los años he participado en contextos donde la Palabra se comunica de una manera tan compleja que incluso quienes están familiarizados con las Escrituras tienen dificultad para entender, recordar o aplicar lo que escucharon. Pero la profundidad no tiene que producir confusión. Un mensaje puede ser bíblicamente profundo y, al mismo tiempo, claro, recordable y aplicable. La meta es que las personas puedan conocer a Jesús, comprender su Palabra y obedecerla.

Dos maneras de acercarnos a la predicación

Existen diferentes categorías y métodos de predicación, pero 2 han sido predominantes en la historia de Mar Azul:

la predicación temática y la predicación expositiva.

La predicación temática

Un mensaje temático comienza con un asunto, una pregunta o una necesidad específica.

Por ejemplo: el matrimonio, la ansiedad, el perdón, la generosidad, la crianza, la oración, el sufrimiento o la identidad. El maestro identifica lo que la Biblia enseña acerca de ese tema y utiliza diferentes pasajes de las Escrituras para construir el mensaje.

Un buen mensaje temático procura presentar de manera fiel la enseñanza bíblica completa sobre un asunto particular. Puede ser muy útil para responder preguntas concretas, atender necesidades especiales o enseñar principios que aparecen a través de diferentes pasajes de la Biblia.

Sin embargo, este método requiere un cuidado extraordinario.

¿Por qué? Porque existe el peligro de comenzar con una idea personal y luego buscar versos que parezcan apoyarla. En lugar de permitir que la Biblia determine lo que creemos, podemos caer en la tentación de decidir primero lo que queremos decir y utilizar la Escritura como un refuerzo para nuestras propias ideas.

Así se han enseñado algunas de las mayores barbaridades en nombre de Dios.

Se toma una frase y se enseña fuera de su contexto, se ignora lo que el autor estaba comunicando, se conecta con una opinión personal y se presenta como si fuera una verdad bíblica.

El problema no está necesariamente en predicar sobre un tema. El problema surge cuando obligamos al texto a decir lo que nosotros queremos que diga.


La predicación expositiva

Un mensaje expositivo comienza con un texto específico de la Biblia.

El maestro estudia ese pasaje en su contexto histórico, literario y teológico. Procura comprender qué quiso comunicar el autor a sus primeros lectores, cómo se relaciona ese pasaje con el resto de las Escrituras y qué verdad está revelando acerca de Dios, de nosotros y de la vida en su Reino.

Entonces, el contenido principal del mensaje, su estructura y sus aplicaciones nacen del propio texto.

La pregunta principal deja de ser: “¿Qué quiero decir esta semana?”

La pregunta se convierte en: “¿Qué está diciendo Dios en este pasaje y cómo debemos responder?”

Predicar de manera expositiva no significa simplemente leer varios versos y comentarlos rápidamente. Tampoco significa convertir el mensaje en una clase fría o puramente académica.

Significa permitir que la intención del texto gobierne la intención del mensaje.

Es posible interpretar incorrectamente un pasaje aun utilizando un método expositivo. Ningún método elimina completamente nuestras limitaciones. Pero al caminar cuidadosamente por el texto, respetar su contexto y permitir que su argumento dirija la enseñanza, se hace más difícil imponerle nuestras propias ideas.

Un cambio que fue creciendo entre nosotros

Durante muchos años, la mayoría de nuestra predicación en Mar Azul fue temática. Procuramos hacerlo con responsabilidad, sometiendo cada tema a las Escrituras y manteniendo siempre el deseo de comunicar la verdad con claridad y aplicación práctica.

Sin embargo, hace cerca de tres años comenzó un cambio gradual en mi método de preparación de Series y Mensajes. Cada vez más, como maestro de la Palabra, comencé a inclinarnme más hacia el uso de la predicación expositiva.
Ese crecimiento nos llevó finalmente a series como Amando la Palabra y Formados por la Palabra y actualmente Viviendo La Palabra que aunque como series tienen un tema la mayoría de los mensajes han sido expositivos. Incluso recientemente enseñamos la carta de Colosenses completa capítulo por capítulo y verso a verso. Actualmente estamos recorriendo Mateo 5 al 7, el famoso Sermón del Monte, deteniéndonos en cada enseñanza y permitiendo que las palabras de Jesús definan cómo luce la vida de una persona que pertenece a su Reino.

Se bien que para nuestras mentes acostumbradas a recibir miles de estímulos, temas y opiniones cada día a través de una pequeña pantalla, permanecer durante semanas en una misma carta, libro o sección de la Biblia pudiera parecer limitante.

Tal vez alguien podría pensar que concentrarnos en un solo pasaje reduce las posibilidades de lo que Dios quiere hablarnos.

Pero hemos descubierto todo lo contrario.

Permanecer en el texto nos obliga a disminuir la velocidad. Nos impide saltar rápidamente hacia la próxima idea. Nos confronta con verdades que quizás nunca hubiéramos escogido como tema para un mensaje. Nos lleva a escuchar enseñanzas cómodas e incómodas, palabras de consuelo y palabras de corrección.

Cuando recorremos un libro o segmento de la Biblia, no escogemos solamente los textos que nos gustan. Eventualmente llegamos a las palabras que desafían nuestras preferencias, confrontan nuestra cultura y revelan aquellas áreas que todavía necesitan ser rendidas a Cristo.

Lo que pudiera parecer limitante ha probado ser una de las herramientas que Dios más ha utilizado para hacernos crecer como discípulos.

Volver a traer la Biblia Versión Papel

A esta decisión de enseñanza expositiva se añadió otra práctica muy sencilla: invitar a cada persona a traer una Biblia física a nuestras reuniones.

No creemos que una Biblia digital sea menos Biblia. Agradecemos profundamente la tecnología y reconocemos que ha hecho las Escrituras accesibles para millones de personas. Pero también hemos descubierto que abrir una Biblia de papel añade un elemento importante de estudio, relación y crecimiento personal. Primero es menos distractiva que cualquier aparato electrónico.
Con una Biblia física podemos observar dónde se encuentra un pasaje dentro del libro, identificar lo que aparece antes y después, marcar palabras, escribir preguntas, subrayar verdades y regresar a ellas semanas o años más tarde.

La Biblia deja de ser solamente una aplicación que abrimos durante algunos minutos y comienza a convertirse en un lugar de encuentro, una historia que conocemos, un libro con el que interactuamos y una Palabra a la que regresamos.

Ha sido hermoso ver personas comprando su primera Biblia, aprendiendo a navegar sus páginas, escribiendo en los márgenes y llegando al campus preparadas para experimentar su lectura. Ese sencillo gesto está aumentando nuestra conciencia de que en las Escrituras encontramos palabras de vida y todo lo necesario para caminar como discípulos fieles de Jesús.

De alguna manera, el principio de la enseñanza práctica con el que comenzamos hace dieciséis años se ha ido afinando, enfocando y llevando a su expresión más sencilla y directa. Y como resultado estamos viviendo uno de los periodos de mayor crecimiento y formación de discípulos en nuestra historia.

Esto no significa que predicar temáticamente sea incorrecto o pecaminoso.

Todavía lo hacemos en ocasiones especiales, celebraciones particulares o cuando necesitamos atender un asunto específico. Pero la enseñanza expositiva y el recorrido cuidadoso por las Escrituras son un cambio grande que llegó para quedarse.

Un equipo que lleva el mensaje por dentro

También quiero agradecerle a Dios por los maestros de la Palabra que Él ha levantado durante estos años y por la oportunidad que me ha concedido de apoyarlos, impulsarlos y acompañarlos en su desarrollo.

Entre ellos se encuentran, aunque no se limita a ellos, nuestros pastores de campus. Cada semana, ellos se adentran en un mensaje que reciben de forma central y unificada.

Desde el momento en que Mar Azul comenzó a reunirse en más de una localidad, entendimos que necesitábamos una manera de mantener nuestra enseñanza unida. No queríamos convertirnos en congregaciones que compartieran un nombre, pero caminaran en direcciones diferentes. Por eso desarrollamos un equipo de predicación.

Cada semana, el equipo recibe un mensaje que ha sido orado, buscado, estudiado y escrito. Allí se encuentran los principios esenciales y las verdades bíblicas que cubriremos como iglesia. Pero ese documento no elimina la responsabilidad espiritual de quien predica. Cada maestro debe escuchar qué quiere enseñarle Dios primero a él o a ella. Debe estudiar, orar, hacer preguntas, añadir sus perspectivas y construir sobre el mensaje desde su propia búsqueda y preparación.

Todos compartimos el mismo texto, las mismas verdades esenciales y una dirección común, pero cada maestro tiene la responsabilidad de hacer suyo el mensaje antes de comunicarlo a la comunidad.

Deben “llevarlo por dentro" les repito con intención. Ha sido hermoso observar cómo, a través de los años, cada uno y cada una ha desarrollado su propia voz dentro de un marco que nos mantiene unidos. Tenemos pastores, maestros y maestras de la Palabra con capacidades, sensibilidades y experiencias distintas. Mi rol como pastor general no es silenciar esas voces, estilos propios sino invitarlos a escuchar a Dios dentro del proceso, mientras protegemos juntos la unidad doctrinal y la dirección espiritual de nuestra iglesia.

Este método requiere claridad, comunicación, confianza y humildad. Requiere que una persona que posee talentos y capacidades dados por Dios pueda recibir una enseñanza central, someterse a una dirección común y, al mismo tiempo, asumir la responsabilidad de estudiarla y comunicarla con su propia voz. Y de mi parte requiere mucho más trabajo mucha más preparacíon, que si estuviera preparando un mensaje que solo yo voy a compartir. Implica navegar la responsabilidad de en ocasiones acompañar durante la semana a varios comunicadores, escuchar sus preguntas, adaptar sus sugerencias en fin mucho más esfuerzo.

Pero debemos recordar algo: hacer que algo sea SENCILLO siempre requiere atravesar procesos DIFÍCILES

A la vez, este modelo libera a nuestros pastores de campus para concentrarse en su responsabilidad más importante: pastorear y acompañar a los discípulos que componen el equipo de líderes y colaboradores de cada campus y como extensión las personas de ese campus. Gracias al método ellos comienzan el proceso de preparación con una ventaja significativa, sin tener que invertir todas las horas iniciales de investigación, estructura y redacción del mensaje.

En más de una ocasión los he escuchado expresar su agradecimiento por este método porque, en sus propias palabras, les permite tener más tiempo para otras áreas de servicio. Es una ventaja que les permite dedicar más energía a conocer, cuidar, escuchar, visitar y acompañar a los discípulos que Dios ha colocado bajo su responsabilidad.

Verso a verso requiere más, no menos

También debemos reconocer que predicar verso a verso requiere una preparación todavía más rigurosa.

No podemos saltar rápidamente hacia lo que pensamos que un versículo significa. Debemos estudiar el contexto histórico, conocer la situación de los primeros oyentes, observar el género literario, analizar las palabras, comprender el argumento completo y considerar cómo ese pasaje se relaciona con el resto de la Biblia.

La interpretación debe ser más directa y menos caprichosa. El maestro debe disminuir sus propias opiniones para permitir que el texto hable.

Pero, al mismo tiempo, no podemos convertir la predicación en un ejercicio meramente intelectual. Dependemos de la sensibilidad a la voz del Espíritu Santo para descubrir cómo una verdad escrita hace siglos confronta, sana y dirige nuestra vida hoy.

El estudio cuidadoso y la dependencia del Espíritu no son enemigos.

Necesitamos ambos.

Estudiamos con rigor porque creemos que la Biblia importa. Oramos con humildad porque sabemos que solamente el Espíritu puede transformar esa información en revelación, convicción y obediencia.

Sigamos deleitándonos

Traigan su Biblia. Ábranla durante el mensaje. Subrayen. Escriban preguntas. Lean antes de llegar. Regresen al texto durante la semana. Conversen sobre lo aprendido con sus hijos, sus amigos, su grupo y su familia. Pero, sobre todo, no se conformen con entender lo que Jesús dijo: pídanle al Espíritu Santo la gracia para vivirlo.

Lo que mi hijo pudo observar al regresar no es el resultado de una estrategia humana, es el Espíritu Santo utilizando La Palabra para cambiar la postura de nuestros corazones y enseñarnos a vivir como verdaderos discípulos.

Con amor,
Pastor John

P.D. Cuando terminemos el último de nuestros campamentos celebraremos lo sucedido. Se acerca La Boda Masiva y ya está llena con casi 20 parejas. Pendientes a “I Do” en cada campus.

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